Burning bridges, breaking hearts…

quemando puentes. rompiendo corazones. los rumbos de la vida son imprevisibles aun en casos de monotonía extrema. mientras la tierra sigue rotando, empeñada en desmadejar los invisibles hilos gravitacionales, el sol va amaneciendo en albas cada vez menos nitrosas, poniéndose en ocasos sulfúricos, y las vidas siguen pasando guiadas por manos imperceptibles y seguras. la niña que fuiste no volverá, hay caminos que no se pueden desandar.

mientras, no hay hogar al que regresar y, si lo hay, no lo vemos. visita la casa donde te criaste. esos muros parecen ajenos y las ventanas están tapiadas. hay trincheras en las aceras y todo huele a quemado. y así seguimos las inercias magnéticas que nos traen y nos llevan, preguntándonos de dónde vinimos pero rara vez a dónde irán a parar nuestros huesos, lo único que nos recordará. quemando puentes. rompiendo corazones. el Tiempo responderá las preguntas que no nos hacemos.

(gracias a Arcade Fire por el préstamo… y por todo lo demás)

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mientras tanto

… mientras tanto, tres de cada cuatro personas de este planeta azul son pobres. tú estás muy preocupado por tu coche, tu pelo, tu ropa, tu televisor, claro, y eso no te permite ver el mundo de una forma global. y no hablo solo de esos pobres desgraciados del áfrica subsahariana que son comidos por las moscas y por enfermedades erradicadas en europa hace más de un siglo, ni de los millones de personas hacinadas en suburbios llenos de mierda y barro en la india, ni de los bolivianos que malviven gracias a la basura del vertedero donde habitan. hablo de esas criaturas malolientes y sucias que viven en las calles de tu ciudad, de los que visitan a diario los comedores sociales, de los que duermen en un coche. curiosamente, los has obviado en tu vida. son transparentes para ti mientras transitas por la calle, su hogar, camino del trabajo, o del centro comercial, o del bar. has donado dinero para haití, claro, pero el que pasa hambre, frío y necesidad a menos de dos mil kilómetros de ti no te llama la atención, sobre todo porque no sale en la tele. esas putas que vinieron de brasil o de nigeria y son obligadas a prostituirse para pagar una supuesta deuda no te conmueven lo más mínimo, y no merecen una tu atención ni tu conmiseración. igual hasta te acuestas con ellas, a sabiendas de que son esclavas viviendo entre nosotros aquí, en el mundo desarrollado. los niños que van a la escuela diariamente con la misma ropa no te llaman a la práctica de la caridad, igual no te habías dado ni cuenta. y lo peor de todo es que te rayaron el coche ayer, que tu pelo tiene un aspecto asqueroso, que la ropa cada vez te sienta peor y que  tu televisor solo emite porquerías. pues… TE JODES.
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mala memoria

todavía le recuerdas nítidamente allí, desvalido y abandonado, como una rata atrapada sólo por una pata en el cepo del sótano, esperando el final. pero, curiosamente, no le recuerdas pacientemente agazapado, saboreando la hiel, aguardando vilmente a la mano que se acerca a liberarle para morder con toda la rabia y la inquina, no le recuerdas inoculándote el repugnante veneno del rencor, haciendo el daño del que era capaz, desgarrando las cosas bellas y honrosas que merecían la pena…
 
desgraciadamente, hay cicatrices que no saben enseñar.
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koalas

hace no mucho, un hombre de mediana edad, educado, culto e informado, salía de su casa cuando tropezó con un pequeño bulto oloroso y corredor. era el pequeño vecino del ático, hijo único de una pareja joven, quizá demasiado. el niño venía cargado con una bolsa llena de hojas de eucalipto y se afanaba en recoger del suelo las que habían caído con el impacto. Dónde vas tan corriendo, te vas a matar, Es que mis koalas se mueren de hambre, tengo que llevarles esto cuanto antes, no comen nada desde ayer. y el niño subió corriendo las escaleras, sin esperar al ascensor, hasta su piso 5º.

nuestro hombre prosiguió su camino, sin poder quitarse de la cabeza eso de los koalas. al llegar a su destino preguntó Oye, federico, ¿los koalas están protegidos? Yo qué sé, supongo que sí, Y si están protegidos, no puedes tenerlos en casa, digo yo, Digo yo, no lo sé, sigo siendo contable, no zoólogo, pero a qué viene este perra con los koalas, A nada, a nada, A algo vendrá, hombre, Pues mira, me acabo de encontrar con el chaval de los del ático de mi bloque y decía que iba a darle de comer a sus koalas,¿Qué edad tiene el pollo? No sé, tendrá 8 o 9 años, Como para fiarte, eso de que en la boca del niño está la verdad lo dijo un tarado.

al llegar a casa se volvió a encontrar con el niño en el portal. Qué, ¿le diste de comer a los koalas?, Sí, menos mal, estaban hambrientos, Ajam, ibas con una bolsa muy grande, ¿cuántos tienes? Tengo ahora mismo 6, dos parejas con sus dos cachorros, que ya están grandecitos, Seis es un número considerable, comerán mucho, Sí, con esa bolsa que llevaba antes tienen para hoy y para mañana, menos mal que me sale gratis. Qué interesante, a mi me gustan mucho los animales, ya me contarás más cosas otro día, hasta luego, Hasta luego.

al día siguiente, de vuelta a casa, el caballero no pudo evitar la tentación de desviarse un par de manzanas de su camino habitual y entrar en una tienda de mascotas. vio bestezuelas bastante exóticas: tarántulas, gerbos, iguanas, chinchillas, pitones… Perdone, ¿venden koalas? el dependiente miró extrañado, como si temiera ser víctima de una broma, No, no podemos, está prohibido, Ah, usted perdone, no lo sabía, es que a mi niña le gustan mucho los koalas y es su cumpleaños esta semana, Pues mire usted algún otro animalito, porque koalas no va a encontrar, además aunque los encontrara no le durarían más de dos semanas, son bichos muy delicados.

por la noche, se atrevió a decírselo a su esposa, Oye, ¿sabes que los del 5º crían koalas? ¿Koalas? cómo van a criar koalas, Que sí, que me encontré con el crío que subía con una bolsa de basura llena hasta arriba de hojas de eucalipto para dar de comer a sus koalas, Eso es cosa de críos, cómo van a tener koalas.

al día siguiente, nuestro hombre escuchaba tras la puerta esperando oír al niño. Hoy tiene que ir a por más comida, pensó. efectivamente, a eso de las 7 bajaba el niño las escaleras. nuestro hombre bajó al portal y le esperó a su regreso, una hora después, fingiendo estar arreglando el buzón del correo. Hombre, ya estás aquí con la ración de hoy, Si, para hoy y para mañana, Caramba, qué forma de comer esos bichos, Sí, es que no se comen todas las hojas que les doy, solo algunas, y además es que las hojas de eucalipto es lo único que pueden comer, y necesitan muchas porque tienen poco alimento, ¿Y viven en casa?, el niño sonrió, No, hombre, cómo van a vivir en casa, viven en el invernadero, que está climatizado para ellos, Caramba, qué interesante, es mucho trabajo para tí solo, ¿los koalas son tuyos? No, son de toda la familia, lo que pasa es que mis padres son mayores para ir arrancando hojas de los eucaliptos, les llamarían la atención, a mí, como soy un niño, no me dicen nada, Pues podríais tener perros mejor, Ja, ja, sí, además los koalas ladran, parecido a los perros…

y entonces el niño se lo dijo, dijo lo que temía oír: Lo que pasa es que los perros no se comen y los koalas sí, están muy ricos por cierto, cuando tienen entre año y año y medio ya están grandes para comérselos, a los míos les quedan un par de meses…

el niño siguió ilustrando la vida de sus koalas con gran lujo de detalles, pero nuestro hombre ya no oía nada más. veía a aquella pareja de monstruos matando y despellejando a los pobres koalitas, arrancándolos de las garras de sus pobres madres y comiéndoselos. y resultaba muy llamativo ese dispendio de dinero, tiempo y preocupaciones por comer eso dos veces al año. imposible, se dijo. es mentira. es todo mentira.

se lo contó todo a su esposa que, nuevamente, se reía de su candidez, pero esa noche ambos estuvieron buscando información en internet y todo coincidía. no puede ser, se decían, cada detalle, un niño tan pequeño no puede ir inventándose eso, para qué iba a inventárselo, para qué iba a ir contándolo, cargando cada dos días con esas bolsas llenas de hojas de eucalipto, no puede ser mentira, por qué iba a mentir. a la mañana siguiente, el hombre lo fue contando en su trabajo y la mujer en la peluquería. al poco tiempo, todo el barrio lo sabía, y a la semana llegó a personarse la guardia civil en el ático. ni rastro de koalas, ni siquiera tenían invernadero. la joven pareja se moría de risa: cómo puede alguien creer las fantasías de un niño de 8 años…

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¡Albricias!

Me alegro un montón de que hayan puesto un negro ahora en la casa blanca. Me alegro muchísimo, en serio. Eso demostrará al mundo que un negro es igual de capaz que un blanco. Igual de capaz de venderse, igual de capaz de fingir interés por los problemas del mundo, igual de capaz de tratar de perpetuarse en el poder a toda costa (no quiero decir en la presidencia, sino en el poder). Seguramente los negros son más altos, más fuertes y más guapos que los blancos, pero igual de corruptos, igual de ambiciosos, igual de faltos de escrúpulos que los blancos.  Ahora que hay un negro en la casa blanca, un negro de padre africano, en África seguirán matándose entre etnias o entre partidarios de uno u otro tirano mangante. Seguirá habiendo miles de desplazados, campos de miseria, desolación y muerte, millones de personas muriendo de enfermedades irrisorias para un occidental o, peor, simplemente de hambre. ¿Cuánto duró la guerra civil en Somalia o en Sierra Leona? ¿Cuánto duraría en Kuwait? Seguirá habiendo millones de personas abandonadas a su suerte, despojadas de toda posibilidad de salir adelante. Ahora que hay un negro en la casa blanca, seguirán existiendo crisis cíclicas en la economía. Las crisis que provocan los grandes bancos para conseguir que el pueblo sea un poco más pobre y ellos sean mucho más ricos. Las crisis que colocan en el paro y al borde del abismo a millones de personas en todo el globo. Esos ríos revueltos donde siempre sacan tajada los mismos pescadores. Ahora que hay un negro en la casa blanca, los Estados Unidos de Norteamérica seguirán cultivando el arte de invadir países para luego poder controlar sus economías. Seguirá pasando en Oriente próximo y medio o en Sudamérica. Ya verán. Esa habilidad de ayudar a unos a derrocar a otros y así poder convertir a la población en consumidores de masas de sus productos y poder controlar los medios de producción que les interesen. Te ponen y te quitan. Pregunten, por ejemplo, a Sadam cuando se lo encuentren en el infierno. Por fin, ahora que hay un negro en la casa blanca, los propios negros estadounidenses seguirán viviendo en guetos marginales, caldo de cultivo de incultura y delincuencia. Seguirán siendo segregados y discriminados, igual que los chicanos, esos negros del siglo XXI.  Por todo eso, estoy contentísimo de que hayan puesto a un negro en la casa blanca, para que el mundo pueda comprobar que somos todos iguales. Igual de hijos de puta.
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mediocridad, consumo y vileza

 

Mediocridad, consumo y vileza son los tres pilares básicos sobre los que se asienta la cultura occidental. Los tres engarzados en una maquinaria perfecta destinada a un control absoluto tanto del individuo como del rebaño. Los (escasos) pensamientos del individuo, sus (anuladas) iniciativas propias, su (ya casi inexistente) capacidad de creación, originalidad, están perfectamente regulados, tabulados, filtrados, envasados al vacío. La sociedad actual crea clones institucionalizados, integrados plena y satisfactoriamente en el círculo vicioso del consumo; trabajas (produces) y todo lo que no gastas en vivir lo devuelves a la comunidad, lo gastas, compras una almohada en forma de viejo cartón de huevos, compras un revolucionario aparato de musculación que sustituye todo un gimnasio con el avieso fin de conseguir un cuerpo igual al del tipo que aparece en el anuncio, un tipo con un desorden hormonal tal que posiblemente acabe desarrollando un tumor maligno en breves instantes. O las mismas caderas, nalgas, cintura, pecho que aquella rubia de bote a la que no hacen otra cosa que rajar para quitarle grasa de un sitio y reponerla con silicona en otro, y que no come porque ello le haría sentir culpable. Curiosamente sabes todo esto, pero no te importa. Más grave aún es esta situación si en el primer caso eres una mujer, o en el segundo un hombre. Compras unos pantalones cuya costura te hace karate cuando te los pones, compras zapatillas con cámara de aire, y frenos abs y cierre centralizado, y microcadenas minúsculas y ultraligeras, y coches con reproductor de discos compactos y dvd y videoconsola, compras las milagrosas píldoras para quitarte esa piel de naranja que tan feas hacen tus caderas, o esas maravillosas ampollas que le devolverán el pelo a tu reluciente cuero cabelludo, compras detergente de enésima generación, joder, éste ya es la hostia, el anterior dejaba blancos hasta los tangas negros de encaje de la abuela, y éste es aún mejor, compras un teléfono tras otro, cada vez más pequeño, un amigo personalizado con buzón de voz, vibrador, despertador, conexión a la red informática, baterías de plutonio enriquecido y extracancerígeno y 1304 sintonías distintas, desde la novena de Beethoven hasta cualquier melodía de una de esas zorras a las que no soportas oír pero cuyos vídeos tienes grabados más de una docena de veces, o del tipo que cantar no sabes muy bien cómo canta ni qué sentido tiene aquello que canta, pero que mueve las caderas como un auténtico depredador de coños a partes iguales sedientos y caudales.

 

Compras lo que te dicta la televisión, ese gran invento que nos vende ideas políticas, ropas, formas de ser y de existir, nos vende refrescos, equipamiento deportivo como para ser campeón del mundo en tu salida única de un fin de semana, nos dice cómo tenemos que hablar, andar, dormir, joder, pensar, comer… de todos modos, no tengo muy claro si son peores los anuncios publicitarios o los programas. Programas de corazón, donde tras arduas investigaciones, interminables revisiones bibliográficas y un feroz debate, queda claramente establecido que la hija del primo menor (fruto a su vez de una relación extramatrimonial de su madre, la muy puta) de la amante de la hermana (qué morbazo) del contrayente -menudo papelón- va a llevar una de esas diademas con un pomponcito tan mono. Programas denominados como “culturales”, donde un tío lo sabe todo sobre física molecular y sobre la fabricación de comida para perros y sobre los hábitos postcoitales del mono de cara amarilla del amazonas, extremadamente parecidos, por otra parte a los del contrayente antes citado, curioso paralelismo éste. La ruindad de programas donde la mayor diversión consiste en reírse del balbuceo desasosegado y semiincomprensible de un pobre enfermo mental vestido con traje y corbata de un gusto sensiblemente peor al del resto de los invitados, y concursos en los que hay tipos capaces de dar por culo a la virgen del rocío por un apartamento en la playa, y dibujos animados de animales informáticos que nunca mueren, sino que sólo evolucionan, y accidentes de aviación repetidos desde 23 ángulos y distancias distintos, y un mariconazo que cuenta llorando que su madre le violaba cuando chico ayudada por sus amigas, las amigas de la madre, se entiende, y que por eso ahora le gustan los hombres muy machos, y moros sin papeles que se lanzan a la vía del tren para salvar a una pendeja borracha y el tren se les lleva el brazo, y tíos que se acuestan con la hermana de la vigésimo séptima rubia con la que le puso los cuernos el marqués de casquete a su sexta esposa y lo han grabado y lo tienen todo en vídeo y venden la cinta a cualquier cadena de televisión, y recetas de cocina ultrarrápidas, y tías que se quitan la ropa, y senadores que se quitan la ropa, y homosexuales que se conocen y se gustan y se besan y se aman en un plató y se dan por culo entre bambalinas mientras duran los anuncios publicitarios. Otra vez los anuncios. Los fantásticos consejos publicitarios, que te retan, te tocan en tus puntos débiles, ya sean tus cojones, tus tetas flácidas, tu elegancia (o más bien, la ausencia total de ésta en ti), tu frigidez, tu temeridad, tu virilidad, tu culo celulítico. Te piden, te ordenan, te suplican, te llaman, te apartan, te excitan, te deprimen… Lo que sea por venderte lo que sea. Esa vileza.

 

Como consecuencia lógica de todo esto, los individuos cada vez lo son menos, cada vez son más parejos, más inquietantemente iguales, son como los peces de un enorme banco, indistinguibles, inseparables en su vorágine, siempre moviéndose en la misma dirección; el consumo de ciertos productos “de moda”. Son las gotas de agua salada del mar. Ese rebaño autoguiado al matadero. Ese rebaño absolutamente predecible y controlable, dúctil y muy cómodo de pastorear hasta el centro comercial más próximo. Esa obscura estructura, ese panal que hace posible que si mi vecino, mi compañero de trabajo, de clase, el novio de esa tía tan maciza, ese presentador de televisión, no digamos una estrella de Hollywood, se han comprado unos pantalones rotos, desteñidos, grasientos y tres tallas más pequeños, yo decida que esos pantalones son cojonudos, que sientan como ninguna otra prenda existente, y concluyo que los necesito y me gasto las 15.000 pelas que cuestan sin pestañear siquiera ni dudarlo un instante, porque quiero tener ese glamour. Se establece un mimetismo que ya quisieran para sí los camaleones. La obsesión parece ser el objetivo de pasar inadvertido, vestir, comportarse, peinarse como la mayoría, o como una de las uniformes minorías. Tanto es así que, viendo los anuncios de compresas, siento la obscura necesidad de ser mujer. Yo no me levanto con tanto ánimo por las mañanas, nunca me he sentido tan limpio y seguro, nunca he notado esa fresca libertad. Quiero ser mujer y poder ponerme esos salvaeslips que ni se notan siquiera, que me permiten transpirar y recorrer las calles sobre patines en línea, aprovechando que tengo unas piernas de escándalo, y que además mi cuerpo no reacciona porque uso un desodorante que te vas por las patas abajo. Y quiero tener un ametrallador cargado de esos tampones con ese nuevo aplicador tan cómodo, para poder lucir palmito en la playa o en la piscina, porque ahora la acción es cosa de chicas. Yo quiero ser mujer y alegrarme de ello, para reírme de todo cuando tengo la regla y poder descubrir cada una de las maravillas cotidianas por la calle, cada escaparate, cada perro cagando en una esquina, y quiero que una niña a la que no conozco de nada se venga conmigo sonriendo. Quiero sentirme chof, quiero que por donde yo pase se llene todo de flores rosas, y una agradable brisa matutina inunde cuanto me rodea. Quiero pasear por los parques y los bosques y las marismas mientras los rayos de luz solar hacen que se me transparenten los pantalones, provocando así que se me vea el Tanga debajo del cual llevo una compresa con forma de cuña y alas y doble airbag, y aire acondicionado. Y quiero ser feliz porque estoy sangrando como una mala perra y tengo tal dolor en el vientre que creo que me están moliendo los ovarios. A ratos se adueña de mí el imperioso impulso de limpiar todos los aseos de la casa de aquella zorra asiática que vende porcelana, de fregar todos los suelos de la Plaza de España, de sacar brillo a todos y cada uno de los cristales de las torres kío.

 

Vuelvo a la infancia, y admiro boquiabierto la publicidad de muñecos que hablan, caminan, asesinan ellos solos. Deseo con ansia poseer una de esas barbis que paren, la colección completa de esos bichejos a los que incluso puedes oír agonizar, perritos folladores, robots folladores, coches teledirigidos con asientos reclinables, barriguitas folladoras. Videojuegos en los que el objetivo es asesinar inocentes; las abuelas y las embarazadas bonifican el doble. Videojuegos que te llevan a apuñalar a un tipo calvo y con gafas mientras espera el autobús, ya no sabes muy bien si en la realidad o en el videojuego hasta que ves las manchas de sangre en tu ropa y tus manos ensangrentadas. Videojuegos con los que puedes destazar a tiros a un tipo de Australia, de Toronto, de Parla, por obra y gracia del nuevo gran Media; Internet: Información para fabricar una bomba casera, fotos de famosos sorprendidos en ropa interior, una zorra (en sentido figurado) poniéndose en facha para que se la clave un caballo (en sentido literal), compraventa de cualquier cosa imaginable, series de fotos pornográficas cuya primera entrega consiste en quitarle el pañal al objeto de deseo, fraudes de todo orden, cabrones empeñados en joder tu ordenador ajenos a que con ello te harían un gran favor, la nevera de un sueco, la cama de una ninfómana, un confesionario protestante, vista posterosuperior (o incluso inferior) de un retrete, una abuela desquiciada pegándole patadas a un crío rubio, se ve que te debes descojonar en el momento del impacto, polvos de famosos o de desconocidos, polvos a fin de cuentas, a 25 imágenes por segundo, fotos de heridos en accidentes de tráfico, a un tipo le falta un brazo, a este otro le falta la cara, utensilios masturbatorios a precio de costo, costo a precio de saldo, saldos de coca, coca a precio de platino, chats donde me preguntan invariablemente de dónde soy, qué edad tengo, cómo soy, chats donde soy francesa, veinteañera, alta, rubia, con un cuerpazo de vértigo y consigo 87 conversaciones privadas, chats donde soy ladrón de bancos, chats donde soy empleado de banca, chats donde me cago en todo y en todos, foros sobre peluquería canina, foros sobre fertilizantes naturales, foros sobre drogas sintéticas. Toda esta amalgama de productos, imágenes, comercios, sonidos, sensaciones, es consumida masivamente por la amplia mayoría de la población en una forma u otra. Al final el efecto es una persona que cada vez lo es menos, con los sentidos embotados, alucinados, y el cerebro atrofiado, cuyo objetivo en la vida es ser como cualquier otro, como los demás en general, como el rebaño. Gente que habla de fútbol, del tiempo, de fútbol. Gente que habla de rociíto, de jesulín y la jesulina, de lara dibildos, del príncipe y sus 47 novias, de sara montiel , de carmina ordóñez, del chule, del pay y del cabra. Gente cuya vida es monótona e invariable como la de una gota de lluvia exactamente igual a todas las de esa tormenta, a todas las gotas de lluvia a lo largo de la Historia, cuya trayectoria vital no puede ser más predecible y cuyo único objetivo es el de acabar estrellándose en la Tierra, llevada por una inercia al parecer irresistible. 

 

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pregunta

desde este rincón lanzo al vacío ("0 visitas en la última semana durante las últimas mil semanas") una pregunta:
 
-¿qué pensará el culo de la boca?la boca es un instrumento de placer, de dar y recibir placer, la parte hermosa y embellecida, con sus dientes blanqueados y sus labios
coloreados. con la boca comemos, saboreamos excelsos manjares. con la boca besamos y en la boca somos besados.
pero conviene recordar que, al otro lado, en la parte de atrás, en la parte ocultada, existe otro agujero, necesario para la existencia de la boca. sin el culo no existiría la boca. si no hubiera orificio de salida, no podría haber entrada. de modo que su existencia no sólo le resulta desagradable, sino que además posibilita la excelsa vida de la otra
 
del mismo modo que para haber día es necesaria la noche, para que haya boca, tiene que haber culo. para que haya guapos tiene que haber feos. para que haya listos son necesarios los tontos. para que haya hijos de puta, tiene que haber tipos puteados. para que haya ricos tiene obligatoriamente que haber pobres. para que exista el triunfador, tiene que haber un fracasado.
 
pero, ¿qué sucedería si el culo se negara a cumplir su función? ¿si el subyugado se rebela? ¿si los condenados se toman la bienaventuranza por su mano? ¿si la víctima se convierte en verdugo y el verdugo en su víctima? yo os conmino a todos los desgraciados de este planeta, os llamo a las filas de mi revolución, os exhorto a la rebelión. si vamos a morir, que sea cansados de luchar, y no de servir
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